Ricardo Celma: "Mi forma de meditación es pintar"

Ricardo Celma: "Mi forma de meditación es pintar"

Última actualización 26 de Febrero del 2021Tiempo de lectura: 7 min.

Jorge Iván Cubillos Aldana

Ricardo Celma está en su taller en Buenos Aires. Pintando, desde luego, porque en general es en lo que ocupa el 100% de su tiempo. Lo rodea un background impresionante con pinturas suyas de gran tamaño, que al parecer va variando mediante los coleccionistas, museos y galerías de todo el mundo se van haciendo con sus obras. De fondo suena una conferencia sobre Miguel de Unamuno y, si no estuviera conversando con nosotros, estaría anotando alguna frase o pasaje que le llama la atención, pues tiene una pila de libretas con apuntes de sus lecturas, sobre detalles que le interesan, con análisis de textos, dibujos e ideas. Desde que aparecieron los audiolibros reproduce varios títulos mientras pinta. Eso casi todos los días.

Las circunstancias de Ricardo frente a la pandemia fueron “atípicas”. Sin querer faltarle al respeto a la gente que está sufriendo asegura que disfrutó las cuarentenas porque prefiere estar encerrado. Cuando no había pandemia el encierro ya era parte de su rutina, salvo que había compromisos y obligaciones que cumplir: Llevar a su hijo al colegio, asistir a alguna reunión social, y otras actividades que interrumpían su trabajo. “Fue un momento muy lindo, de mucha introspección, leí mucho, escribí, pinté un montón, pasé todo el tiempo posible con mi familia, fue un momento afortunado”, señala.

Ordenó sus escritos. Revisa, mientras hablamos, la producción que hizo en pandemia. Tuvo la suerte de seguir trabajando online, de recibir encargos, y de que muchas colecciones alrededor del mundo se interesaran en sus pinturas, como ya es habitual. Es un tipo humilde porque no habla, si no se le pregunta, sobre su amistad con otros pintores de reconocimiento mundial, sobre los museos en donde está su obra, o sobre sus visitas a personajes influyentes de la vida pública, como el Papa. A él lo que le importa es el arte. Junto a su taller, en el cuarto de al lado, queda el estudio de su esposa fotógrafa. Vive en una casa de artistas. Su hija mayor es actriz y el menor, aún en la escuela, sabe ilustración digital y anda aprendiendo animación. Conviven cada uno en su ámbito sin dejar de hacer lo que les gusta.  

Es más que un artista que enseña técnicas de pintura -el curso que dicta en Crehana es una aproximación a su estilo-, con el que se aprende además de literatura, filosofía y otras humanidades. En nuestro caso particular tuvimos una charla amena en la que, una que otra vez, aparecieron citas de Aristóteles, Hölderlim, y Borges.

Retrato Ricardo Celma

Retrato Ricardo Celma. Crehana.

¿Cómo describes tu estilo?

Realismo mágico e hiper realismo mágico, si eso existe como tal; con una vertiente nueva que tiene que ver con el academicismo que reúne elementos de las pinturas flamenca, barroca y del siglo XIX, mezclado con una cuestión simbolista, romántica, muy de América Latina, en donde somos cercanos a la superstición. Me gusta pensar en la multiplicidad de influencias, no me gustan las escuelas cerradas que me limiten. Me interesa sobretodo en la narrativa de mi pintura que siempre sucede algo poético mágico. Es casi un axioma que no puede faltar en la construcción del razonamiento de mi pintura, o no le encuentro sentido a hacerla. La realidad es previsible -para no llamarla pobre-, entonces necesito conectarme con aquello que es metafísico e irreal.

Wow, ¿En qué momento de tu recorrido llegaste a esa descripción tan clara?

No fue clara siempre, pero no me cuesta encarar la narrativa de la pintura, nunca fue algo forzado en mí porque siempre me gustó eso. Lo relaciono a que lo primero que hacía en la mañana era preguntarle a mi abuela qué había soñado. Ella me lo contaba y me parecía fabuloso. Entonces siempre construí desde esa cuestión medio onírica o mágica las imágenes que me gustaba que me acompañaran.

Es decir, ¿Pintabas los sueños de tu abuela?

Bueno, propiamente sus sueños no, pero siempre me llamaron la atención; después me di cuenta que pintaba seres alados, escenarios mágicos, siempre me llamó la atención lo religioso, su mística, la construcción sacra que tiene el hombre para comprender el mundo, esa mezcla de metafísico y físico. 

¿Hay algo que prefieras pintar?

¡Siempre figura humana! A los 6 años intentaba retratar a mi abuela de la manera más realista posible. Cuando hago una pintura tiene que transmitir más allá de lo físico. Realista en la técnica y metafísico en la narración.

Obras de Ricardo Celma

Obras de Ricardo Celma. Fotografía sustraída de su Instagram.

Estás pintando todo el tiempo, ¿no? 

Sí, todo el tiempo que pueda. Me hace bien. Te pongo un ejemplo. En Taiwán - he tenido la suerte de viajar a muchos lugares- en vez de ir a un hotel paré en un templo budista para absorber un poco de la cultura, interesado en que me cuesta mucho meditar. Entonces mi forma de meditación - lo hablaba con una monje de ahí- es pintar. Si yo no pinto todos los días me siento desequilibrado, estoy como fuera de eje. En cambio si puedo hacerlo durante muchas horas a diario después estoy en un estado de tranquilidad, armonía y equilibrio en todo lo demás.

¿Cómo lograste armonizar tu vida de artista con la vida familiar?

Costó mucho al principio. Por suerte mi esposa es fotógrafa -hace 20 años que estamos juntos- y fuimos aprendiendo a congeniar. Me ha gustado lo de vivir todos en la misma caverna, con ella y mis dos hijos, respetándonos nuestros tiempos. Cuando mi mujer cierra la puerta ya sé que no debo molestarla. Cuando tengo la música fuerte saben que estoy concentrado, y nadie me molesta.  

Y, ¿Cómo te ganas la vida?

A veces me encargan algo en particular, a veces pinto mis obras porque quiero y espero el milagro del coleccionista que las quiere, o las llevo a un lugar - hay galerías aquí en Argentina o en otros lugares del mundo que se interesan-, también doy clases porque me apasiona enseñar, y cada mes es distinto. La vida del artista nunca es tan lineal como uno quisiera ni tan tranquila, pero entre todas esas cosas que voy inventando ha habido una inestabilidad estable. Nunca caímos a un pozo, hemos estado bien.

Hablemos de la técnica. ¿Hay alguna que te caracterice?

Entre la fijación obsesiva que tengo con el estudio he procurado estudiar muchas técnicas, desde el medioevo hasta la actualidad. Una vez por semana generalmente hago un estudio de algún artista que me gusta. Trato de tomar su técnica. Madera si es madera, temple si es temple, óleo si es óleo, y trato de pintar como ese maestro que me gusta, usando todos sus pasos. Me baso en libros, la mayoría de ellos antiguos, y mi idea es poder enseñar como el artista que le gusta a mi alumno, no como pinto yo. En el curso de Crehana enseñé como pinto yo, pero mi idea es que si quieres pintar como Caravaggio te explico cómo hacerlo; que si te gusta más Rembrandt  te explico su estilo, qué tela usaba, cuál era la imprimatura, cómo usaba el aceite; traté de leer sobre los grandes maestros que marcaron las escuelas y poder dominar más o menos cada una de esas escuelas. Y después en mi obra, según qué esté pintando, a veces me dejo influenciar más por uno que por otro. Cada obra representa un problema narrativo y después un problema estético. ¿Cómo voy a usar los colores? ¿cómo voy a usar el empaste en esa obra?

Obra de Ricardo Celma

Obra de Ricardo Celma. Foto sustraída de su Instagram.

¿Solo pintas? ¿Hacia qué otras prácticas artísticas has extendido tu obra?

Muralismo me gustaría hacer, por ejemplo. Hago esculturas a veces, tengo una en el jardín botánico de Buenos Aires que es un lugar muy emblemático y gracias a eso aparezco en todos los libros de escultura de Argentina - aparezco más en los libros de escultura que de pintura, aunque hice solo una-, pero a veces siento que para ser bueno en algo se necesita el mismo nivel de concentración que tengo en el óleo. Como un músico que sabe interpretar varios instrumentos pero decide obsesionarse con uno para ser el mejor posible dentro de sus capacidades, en ese campo yo elegí el óleo, y por más que me gusta todo lo demás, ahí me puedo expresar al 100%. Sin embargo, a veces surge la necesidad de hacer otras cosas como una escultura, por ejemplo mi padre estaba por morir y me pareció que lo necesitaba en tres dimensiones, aunque lo dibujé y lo pinté necesitaba sentirlo de otra manera; pero si no tengo una necesidad imperiosa de hacerlo de otra forma siempre vuelvo al óleo.

¿Siempre tuviste el apoyo para ser artista?

No recuerdo un momento de mi vida en que no me haya dedicado a esto. Tuve muchísima suerte. Mi familia es muy culta, muy amante del arte, y eso no significa que seamos ricos, no nos sobra nada. Somos 7 hermanos, mis padres tenían trabajos sencillos, pero creo que al ser el sexto de 7, ya no importaba tanto que me interesara mientras me hiciera feliz. Una vez a mis padres les enviaron una nota del colegio preguntando si alguno de mis hermanos me ayudaba a dibujar. Y para entonces ya hacía los retratos de mi abuela, en los que se evidenciaba cierta facilidad para la edad que tenía. Entonces me consiguieron un profesor, y él también vio ciertas cualidades, así que a los 6 años ya estaba con un gran maestro como José Alberto Marchi - cuando no se podían pagar las cuotas él me becaba, por lo cual estoy por siempre agradecido-, y luego empecé la carrera de profesor de Bellas Artes, siempre iba consiguiendo pequeños trabajos que me mantenían, ya a los 16 años no generaba ningún gasto en mi casa, por lo cual nadie se preocupaba de decirme que no hiciera lo que hacía.

 

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¿A partir de cuándo empezó tu vida de viajero?

Las obras empezaron a viajar antes que yo. La primera, una serie de dibujos de bailarinas, le gustó a un escritor egipcio que estaba en Buenos Aires, a quien conocí por amigos bohemios con quienes me la pasaba. Él llevó los dibujos a una galería en Canadá y se vendieron. Entonces me entusiasmé con lo que pasaba afuera, viajé e hice dos muestras, una en Miraflores, otra en Camacho, y me fué muy bien; luego un coleccionista me invitó a Guadalajara hacer otra muestra, también me fue bien ahí, y las obras empezaron a viajar año tras año llevándome a New York, Miami, Shanghai, Bangkok, Taipei, Tokio, y en cada viaje trataba de enriquecerme con cada uno de los artistas. Era muy joven, aún en mis veintes, y con lo ahorrado de alguna de esas muestras me fui a Europa a buscar a Antonio López en Madrid y a Kokosinsky en Roma. Siempre fui obsesivo con la pintura, así que, como me imagino alguien se va a Barcelona a conocer a Messi, yo me fui a buscar a mis ídolos, a quienes sólo conocía por los libros, pues no había redes sociales, como hoy. El mundo del arte me sigue pareciendo misterioso y me sigue permitiendo conocer gente que es mágica.

Imagino que surgieron amistades después de esos viajes…

¡Por supuesto! Por ejemplo Waldo Saavedra, de Guadalajara, era un pintor de acuarelas que me parecía extraordinario, y luego el tiempo me llevó a conocerlo, a comer en su casa, a que me conectara con gente a la que yo no podía llegar, y luego a recibirlo en mi casa en Buenos Aires. Y ni hablar de Antonio López, quien para mí es el Messi del arte. Nos seguimos escribiendo, nos seguimos viendo. Los siento muy cercanos. Son maestros que, a pesar de no frecuentarnos, son personas que siento nos interesan los mismos temas, nos preocupan las mismas cosas, nos obsesionamos con la trascendencia del tiempo y el espacio, y se genera un vínculo especial, estamos vibrando en la misma sintonía. Siento esa hermandad con los artistas, siento que son mi familia. Por suerte o por desgracia conocer a un pintor no es tan difícil como hablar con un futbolista.

 

Ricardo celma con Eduardo Galeano. Cortesía de Ricardo Celma.

Dijiste que te apasiona enseñar...

¡Me encanta! Desde la adolescencia. Es una forma de retroalimentación porque cuando das clases terminas de verbalizar algunas cosas que están en abstracto en tu cabeza. Sin embargo, me puse como objetivo no imponer mis necesidades a los alumnos. Trato de dar mis clases en dos estadíos. En uno de esos intento darle al alumno lo que necesita conocer sobre el oficio del pintor. Desde la historia, la filosofía, la técnica. En el otro me pongo al servicio del alumno para escucharlo. Saber qué quiere hacer él o ella, y dejarle elegir su propio camino. 

¿Has servido de enlace para que tus estudiantes puedan encontrar oportunidades en el mundo del arte? 

Sí, ¡mucho! Hay a quienes he invitado a ser ayudantes míos para que tengan un ingreso, que puedan vivir del arte. Luego se han ido abriendo su propio camino.

¿Qué le dirías a quienes se están iniciando en el mundo del arte y dudan de las oportunidades para desenvolverse haciéndolo?

Que nadie puede quitarte lo que leíste, lo que pintaste, el momento que disfrutaste. El mundo te golpea y te cachetea, pero el arte se vuelve una salvación, es una de las pocas maneras en que sientes que hay cierta cordura en el día a día.

 

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