Luis Gadea: “Me gusta dibujar mientras tomo una taza de café, y resulta que me pagan por eso”

Luis Gadea: “Me gusta dibujar mientras tomo una taza de café, y resulta que me pagan por eso”

Última actualización 6 de Marzo del 2021Tiempo de lectura: 7 min.

Jorge Iván Cubillos Aldana

Todxs, alguna vez, jugamos Angry Birds, ¿no? Ya saben, los pajaritos a los que un grupo de cerdos verdes les robaron sus huevos, y entonces pasaban por una serie de aventuras para recuperarlos... En 2012, el juego fue tan popular, que superó más de 1000 millones de descargas -como si más del 10% de la población mundial lo hubiera descargado- y se convirtió en más que una diversión para pasar el rato en el móvil. Hubo juguetes, disfraces y hasta una película basada en el juego que, por cierto, fue la primera en la que Luis Gadea participó como Diseñador de Personajes, su trabajo desde hace una década.  

“Me gusta dibujar mientras tomo una taza de café, y resulta que me pagan por eso” - apunta. El profe de los cursos online de dibujo a lápiz, y de diseño de gestos para personajes en Crehana tiene la que podría considerarse vida ideal de un trabajador freelance: clientes como Warner, Dreamworks, Netflix, o Ilumination (la de los Minions) lo contratan desde Los Ángeles, o desde Vancouver –donde desarrolló su carrera 10 años–, para hacer lo que le gusta, respetando sus tiempos, pagando lo justo y aumentando su reputación. Estar en Costa Rica —a donde regresó el año pasado para estar cerca de su familia— no es ningún impedimento.

El trabajo de Luis es el sueño de muchos dibujantes en la industria de la animación y es de esos roles que en los créditos de las películas se destacan porque no hay más de cinco nombres ahí. Conversamos un poco sobre cómo lo logró, mientras Paco, su perro, nos observa.

retrato de luis gatea

RETRATO DE LUIS GADEA. Foto: Crehana.

¿Cómo surgió lo de irte a Canadá para estudiar animación 2D?

La verdad ni siquiera lo busqué. No conscientemente. Yo simplemente me metí a estudiar animación 3D en Costa Rica, y en mi primer año de universidad un profesor de la carrera me contrató en su estudio para hacer 2D. Me gustaba lo que hacía, pero sentí que me faltaba conocimiento sobre lo que es el 2D. Yo veía a los grandes animadores y, pese a que sabía dibujar, no entendía la ciencia detrás. Me la pasaba viendo animaciones, estudiando, tratando de entender, y un día me encontré un programa de 2D que impartían en una universidad de Canadá. Resulta que, aunque mi mamá es de Nicaragua y mi papá es costarricense, soy canadiense de nacimiento, pero crecí en Costa Rica, entonces solo por curiosidad envié un correo para pedir información y a los 10 minutos me llamaron —el servicio de ventas de esa escuela es buenísimo (risas)— y me animaron a aplicar al programa. No perdía nada al hacerlo, mi papá siempre ha dicho “el ‘no’ ya está ganado, hay que tratar de sacar el ‘sí’”. Así que le pedí ayuda  a uno de mis jefes de ese momento para que me ayudara armar un portafolio, duré algunos meses organizándolo, me presenté, ¡y me aceptaron! Solo faltaba irme. Yo no tenía la plata para hacerlo, pero aprovechando la ventaja de tener la ciudadanía canadiense apliqué a un préstamo del gobierno de ese país, me lo otorgaron, y partí sin analizar realmente que me estaba yendo, solo lo hice. 

Dejaste que fluyera…

¡Sí! (risas) Como una ola que te lleva. Llegué allá como con 21 años a cambiar mi vida por completo: vivir solo, hablar y estudiar en inglés - a pesar de tener pasaporte canadiense yo no dominaba el idioma -, afrontar la presión por dar la talla. En Latinoamérica tenemos una tendencia a menospreciar nuestro talento por estar acostumbrados a que la industria del cine es propia de Norteamérica, o por lo menos eso pensaba yo en ese momento. 

¿Ser latino era una rareza? 

Sí, en la carrera de 2D yo era el primer costarricense que migraba para estudiar eso. Era muy atípico. Ahora hay muchas facilidades para irse. Hoy en día diría que ni siquiera es necesario viajar para formarse, más con pandemia.

Un curso como el que dictas en Crehana, guardando las proporciones, ¿puede cumplir ese papel?

¡Claro! Un curso te da el conocimiento, pero finalmente el trabajo habla por ti. Si sabes moverte online eventualmente, tu trabajo va a llegar ante la persona indicada que te puede contratar. En la época en que me fui solo se usaba Facebook, era mejor salir. Ahora bien, si hoy se tiene la posibilidad de viajar lo que todavía tiene la academia presencial es la interacción directa con gente de la industria. Pero si no se tiene la posibilidad o el interés por ir a una universidad, lo que sí recomiendo es asistir a eventos de animación o seminarios.

Me llama la atención que no hablaras bien el inglés. ¿El factor talento hizo que eso no fuera un problema al principio? 

Más o menos. La verdad es que tenía mucho miedo al principio, pero resultó que la mitad de la clase éramos latinos (risas), todos estábamos en el mismo barco. Entre todos nos apoyamos para entender cosas. Aún hoy cuando no entiendo alguna palabra en una reunión apunto cómo suena, googleo, y luego aprendo qué es. Siento que al ser latinos trabajábamos más porque sabíamos lo que costaba salir de nuestros países solos, siendo extranjeros, sin hablar otro idioma. De hecho los latinos éramos quienes nos quedábamos hasta un poco más tarde trabajando o vacilando, empujándonos entre todos, quizá porque compartíamos los sacrificios que habíamos hecho para estar ahí. Y, por otro lado, aunque el talento suma, conozco gente que llevaba dibujando menos tiempo que yo pero, por el trabajo que hacían a diario, les iba muy bien. Así que es una mezcla. Es mejor ser un buen trabajador que ser talentoso.

 

Personaje creado por Luis Gadea

¿De qué era el estudio en el que trabajabas antes de irte?

De animación para comerciales. ¡Todavía existe!

Pero, te contrataron para hacer 2D. ¿Qué tanto cambió lo que ya hacías intuitivamente versus lo que aprendiste y practicaste en la academia?

Fue un cambio muy amplio, radical. Primero, me contrataron para 2D pero yo estudiaba 3D. Estudiaba eso porque era la única carrera de ese tipo aquí en Costa Rica. Así que me tocaba pasar de pensar en lo que se hacía en la computadora, a lo que lograra en el papel. Y además me pedían que animara eso que dibujaba, pero yo no tenía idea de cómo hacerlo, aunque fui aprendiendo. Conceptualmente creía saber qué era el 2D, pero la verdad es que no tenía ni idea. Cuando llegué a Canadá entendí que estaba perdido. Sabía hacer algunas cosas que dominaba por intuición, pero no entendía el por qué se hacían así. La escuela me dió esas respuestas y me reveló otra ciencia de la animación. Para lo que hago hoy en día - diseño de personajes- ser animador 2D es un plus porque entiendo cómo se mueven las cosas.

¿Crees que aún haya estudios que contratan animadores de 3D para hacer 2D?

(Risas) Ha cambiado. Hay más estudios, el contenido que generan ya no es solo para comerciales sino para series y películas; la universidad tiene un programa técnico en 2D, hay una escuela de animación clásica como yo estudié, a papel y lápiz. Ahora todo es muy digital, pero hay un entendimiento de otras cosas, gente que ha aprendido online, hubo una evolución drástica…

¿Cómo te involucraste de nuevo en los estudios cuando ya estabas en Canadá?

Hice un programa de un año en el que era imposible trabajar. Era como si hicieras un programa de cuatro años compactado en uno, además dibujando con papel y lápiz, nada más, que toma más tiempo. Después de graduado tuve la fortuna de que, por mi trabajo hecho en la universidad, un profesor me recomendara directamente con un estudio, y me contrataron como animador 2D. A eso se suma que la universidad me dio una beca para asistir otros tres meses, después de graduado, para trabajar en proyectos propios haciendo uso de sus instalaciones, materiales y profesores. 

FOTO DE TRABAJO DE LUIS GADEA. FOTO DE TRABAJO DE LUIS GADEA. Sustraída de su cuenta de Instagram.

¿En qué consistían esos proyectos personales?

En perfeccionar un portafolio, o en crear nuevas animaciones, precisamente para aplicar a un trabajo en estudios. De eso se trataba la beca.

 

 

Tienes una lista de credenciales impresionante. ¿Es Vancouver un epicentro de la industria? ¿Hay cabida para animadores latinos allí?

Todos los estudios tienen su base en Hollywood, en Los Ángeles, pero por cuestiones de impuestos y de zonas horarias algunos operan en Canadá, especialmente en Vancouver, que tiene la misma zona horario de Los Ángeles. Sony, por ejemplo, tiene estudios allá, también Warner, a través Animal Logic, y muchos estudios independientes que también tienen oficinas en Los Ángeles. Para estar en la industria hay que estar en esa ciudad. Yo empecé en estudios más “pequeños”, famosos por hacer series animadas, y luego transité a hacer películas. Angry Birds - mi primera película- era una producción de Sony con Rovio Animation, que es finlandesa pero abrieron una oficina en Vancouver, donde se diseñaron todos los personajes, y los fondos se diseñaron en Los Ángeles. Entonces siempre hay esa interacción. Estuve in house varios años en Vancouver hasta que me volví freelance, y ahora tengo la libertad de trabajar sin exclusividades, pero directamente con las oficinas base de los estudios en Los Ángeles.

personajes de angry birds

Ser freelance en la industria de la animación debe ser un privilegio. ¿Cuál crees que es ese factor que te diferencia y ha llamado la atención de los grandes estudios? ¿tu estilo?

No tengo ni idea (risas). Creo que hay decisiones que tomo cuando dibujo que son un poco atípicas para el estilo normal de la animación, que suele ser más curvo, puedo usar figuras más bruscas. Me gusta mucho enfocarme en las expresiones de los personajes, cómo se levantan las cejas, el movimiento de los ojos, no todas las personas están felices como en las películas de princesas, así que creo que va por ahí. Los estudios están buscando gente de otras culturas y estilos, más ahora con pandemia, que tengan otra visión, otro gusto en colores, y el país de donde soy no es un impedimento para que me contraten. 

En la práctica, ¿cómo te hacen un requerimiento? Es decir, ¿te entregan un guión, te dan un brief?

Todo depende del proyecto y de la etapa en la que se encuentre. Hay proyectos en los que solo existe el guión, normalmente a las reuniones asisten el productor y el director, no hay visión sobre los personajes y hay que crear de cero. Hay otros en los que tienen el guión, una descripción de los personajes, pero ningún boceto. Hay otros en los que existen bocetos de los personajes pero quieren mejorarlos; y hay otros en los que hay una visión clara de los personajes, pero necesitan crear expresiones y poses; hay muchas posibilidades.

¿Cómo se pasa de ser animador a diseñador de personajes?

¡No lo sé! (risas) Se me ocurren dos cosas: la primera, que dieron con mi blog, jajaja. Usaba mis ratos libres para dibujar y allí subía parte del resultado. Por otro lado, había pocos diseñadores de personajes en Vancouver que supieran también de 3D. Si ves un dibujo como las chicas superpoderosas, es 2D, es un dibujo totalmente plano. Para una película animada normalmente necesitas tener una visión de tridimensionalidad en el dibujo, entender las formas y el espacio. Había pocas personas con ese background

Ahí te sirvió lo que habías estudiado en Costa Rica…

¡Exacto!  

¿Hay algún estilo de dibujo que haya influenciado el tuyo propio? 

Creo que eso es justo lo que despierta el interés en mi estilo. Desde niño, había algún estilo que me llamara la atención, lo adaptaba para mí, sin estar casado con ninguno. Conozco gente que, por ejemplo, solo tiene como referente a Cartoon Network, y rechazan a Nickelodeon. O al revés. A mí me gustan los cómics norteamericanos, pero prefiero los cómics europeos porque tienen un estilo más maduro, con historias más reales, y aún así los cómics argentinos me parecen muy superiores a esos. Entonces procuro agarrar lo mejor de cada uno, y justo mi método de trabajo va en una onda de explorar mi propio arte.

Y, en cuanto a los personajes, ¿prefieres dibujar un tipo de ellos, digamos, animales, o personas?

¡Prefiero personas! Porque me fascina indagar en los detalles que un ser humano puede expresar, sus miedos, inseguridades, positivismos, pero es común que en animación se pidan mucho los animales que hablan. Conozco artistas que tienen en sus perfiles mensajes muy radicales como “yo no diseño princesas” o “yo no diseño personajes que hablan”, entonces envían un mensaje muy claro para quienes pueden ser sus potenciales contratantes. Sin embargo yo diseño lo que me pidan.

personaje de Luis Gadea

¿Tienes una lista de personajes que te hayan marcado?

Bueno, tengo varios. Te podría decir de entrada que Bugs Bunny y los Looney Toons. Luego El Laboratorio de Dexter, y más Las chicas superpoderosas, pues resulta que ese show determinó mi primer encuentro con internet, en esa época Cartoon Network anunciaba que tenían un juego de Las chicas superpoderosas en su página web, y yo me interesé por explorarlo y jugarlo. Los Rugrats y Coraje, el perro cobarde, también fueron determinantes; el correcaminos es uno de mis favoritos, y tuve una época de mi vida en la que me interesó mucho Betty Boop.  

¿Y de los que has diseñado?

Ahora mismo sí tengo algunos, pero son los últimos que he hecho, de manera que no puedo mencionarlos.

¿Te ha gustado más tu faceta de freelance que la de pertenecer a un estudio?

Sí y no. Sí por la libertad y la facilidad de trabajar a la hora que quiera y donde quiera, además del tipo de proyectos que llegan, pues normalmente me llaman para ser el primero en proponer un estilo o visión para un proyecto; pero hay algo de la vida en estudio que es bonito, la interacción y el aprendizaje con otros artistas, porque normalmente el trabajo freelance es por correo electrónico directamente y no hay un equipo con quien estás compartiendo tus creaciones.

¿Cuántas personas pueden llegar a estar en un proyecto o en su estudio?

Varía. Puede haber unas cinco personas diseñando personajes, pero solo es en esa etapa. Cuando están pasando los personajes a 3D y animando participan miles de personas. Pero también hay estudios pequeños en donde puede haber 20 personas haciendo un poco de todo, lo cual tiene su belleza, porque en esos equipos hay un grupo pequeño haciendo cosas grandes.

¿Tienes un manager?

No. Sirve más si eres ilustrador para libros infantiles, si eres un director, o si quieres hacer motion graphics. En lo mío normalmente el voz a voz se riega y todos nos conocemos, para bien y para mal. Lo que sí me gustaría es ser manager de artistas que no tienen esa conexión con la industria. No lo estoy haciendo ahora, pero ya he conectado gente.

El mercado latinoamericano, ¿cómo lo percibes?

Ha avanzado mucho. Suramérica tiene mucho talento. México ha crecido un montón, Brasil es un mercado enorme. Tengo amigos dirigiendo series para Netflix desde allá. Incluso aquí en Costa Rica también hay estudios que está haciendo trabajos que se consumen afuera, aunque no he tenido la oportunidad aún de trabajar con Latinoamérica.

¿Cómo te nacen las ideas?

Lo que me apasiona de dibujar personajes es la observación. Ando viendo a la gente. Por ejemplo de esta reunión probablemente voy a dibujar el peinado que tienes, y si me fijo en la camisa que llevo puesta, me puedo llevar una idea de vestuario. Voy estudiando y creando una biblioteca mental, al grado que analizo tipos de cejas, narices, orejas, cabezas, cuerpos, y en mi tiempo libre a partir de la observación intento recordar cómo se veían las personas que me llamaron la atención. La mejor referencia para mí está en la calle. Te subes al bus, al tren, vas al centro comercial, y encuentras los mejores personajes, cosas que no te imaginabas que la gente podía combinar, funcionan o no pero te lo puedes llevar para crear. 

 

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